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Un sacerdote valenciano se encuentra entre las 40 personas que viven permanentemente con el Papa en Casa Santa Marta

papa

El sacerdote Luis Miguel Castillo, que trabaja como oficial en la sección de Documentos Latinos de la Secretaría de Estado del Vaticano desde hace tres años, es el único valenciano que vive con el papa Francisco en Casa Santa Marta, según publica en su último número PARAULA, el periódico de la diócesis de Valencia, que lo entrevista.

El presbítero es una de las cuarenta personas, junto con miembros de la Secretaría de Estado del Vaticano, que viven permanentemente en la residencia del papa Francisco, además de los cardenales y obispos de todo el mundo que deciden hospedarse allí temporalmente durante sus visitas a Roma.

Según Luis Miguel Castillo, fue una “grata sorpresa” que el papa Francisco decidiera vivir en Casa Santa Marta y no en el Palacio Apostólico como habían hecho los papas desde hacía más de un siglo. “Desde el primer momento que me incorporé a la Secretaría de Estado me alojé aquí pero entonces el papa Benedicto XVI residía en el Palacio Apostólico y nadie podía imaginar que su sucesor iba a decidir vivir en esta residencia”, ha explicado.

El sacerdote ha asegurado que para las personas que viven en la residencia es una satisfacción tener al Papa tan cerca y “la vida en la residencia ha cambiado en cuanto a la seguridad porque lógicamente ahora hay mucha más vigilancia y control”. Sin embargo, ha añadido que “eso no nos ha impedido seguir llevando una vida normal, dedicada a nuestros respectivos quehaceres”.

Asimismo, el presbítero ha destacado que el papa Francisco en la residencia es más reservado que en sus apariciones públicas e “incluso, a primera vista, a veces puede parecer serio pero, sin duda, tiene muchos detalles de auténtica cercanía, bondad y sencillez”.

Respecto a la cercanía del Pontífice, el latinista valenciano ha explicado diversos ejemplos. Así, al término de la misa que preside el Papa todas las mañanas en la capilla de la residencia el propio Pontífice sale al vestíbulo para saludar, uno por uno, a los que han participado.

Además, ha añadido que el papa Francisco come en el mismo salón que todos, que su menú es el mismo y que siempre es posible acceder a él directamente si “en algún momento necesitamos contarle algo importante relacionado con nuestra labor o vida personal, porque no pone barreras y, evidentemente, los demás procuramos no invadir su intimidad innecesariamente”.

Por otro lado, el sacerdote ha destacado que ha hablado varias veces con el Pontífice a solas, una de ellas cuando se enteró de que el sobrino de Luis Miguel Castillo, de siete años de edad, había fallecido. “El Papa me llamó a su habitación preocupándose por mi y por mi familia y esos detalles siempre resultan entrañables y nos aportan consuelo en una situación que sólo la fe permite superar”, ha manifestado.

Luis Miguel Castillo nació en 1965 en Valencia y se licenció en Farmacia pero cuando se disponía a comenzar un doctorado en Botánica, mientras observaba vegetales por el microscopio, sintió la llamada de Dios al sacerdocio, según cuenta en PARAULA.

Fue ordenado en 1995 y, tras varios destinos pastorales en Moraira y Alcublas, marchó a Roma para ampliar estudios. Se licenció en Letras Clásicas y se doctoró en Teología Patrística volvió a Valencia, donde fue párroco de Nuestra Señora de Lourdes y hace tres años fue enviado de nuevo a Roma.

Junto con sus otros seis compañeros de departamento, compone en latín una serie de documentos papales, normalmente los más solemnes como bulas de nombramientos de obispos o de creación de diócesis, entre otros. Además, revisa los textos latinos de AAS (Actas de la Sede Apostólica). 


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