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Historia del Parque Els Filtres (VIII) El Cid

por Vicente García Puig Basado en el libro "La Conquista de valencia por el Cid" de Estanislao de Cosca Vayo.   El sobrenombre o título de "Campeador", le viene al vencer al Alférez de Navarra, el numeroso público lo aclamó como Campeador, es decir, campeón invicto con el que pasó a la posteridad Rodrigo Díaz de Vivar derrotó al ejército catalán, tomando prisionero a su conde. A su regreso, el pueblo de Zaragoza lo recibió victorioso al grito de "Sidi, Sidi!" (Mi Señor!"), expresión de la que derivaría su mote de "Cid". Nació en la aldea de Vivar, en el año 1043. Su padre, era miembro reconocido de la nobleza menor del reino. Su madre, de la misma condición social que su esposo, era hija del señor feudal de Noreña y Aguilar, primer conde y gobernador supremo de Asturias. Con semejante ascendencia, era lógico que desde niño Rodrigo sintiese inclinación por la carrera militar y que a los dieciséis años fuese armado caballero en la iglesia de Santiago, en Zamora, por el propio príncipe don Sancho. De regreso en Burgos, se hallaba a punto de contraer nupcias con doña Jimena Díaz, noble asturiana, bisnieta del rey Alfonso V, cuando su futuro suegro, el conde Diego Rodríguez de Oviedo, ofendió duramente a su padre, quien, impedido de batirse a duelo a causa de su avanzada edad, solicitó a su hijo que lavase la afrenta. Rodrigo mató en combate individual al conde, ganándose el encono de su prometida. Sin embargo, obtenida la clemencia por parte del rey Fernando, solicitó su mano argumentando su deseo de reparar tan grave daño. Por entonces Castilla y León bullían de gozo debido a la llegada a Burgos de las reliquias de San Isidoro de Sevilla que el rey taifa Al-Motámid consintió. Al tomar posesión del Reino Sancho II, Rodrigo fue designado Alférez del Rey y junto a su señor combatió en numerosas batallas como jefe de las tropas reales. Durante el asedio, don Sancho fue asesinado por mano de un traidor (Bellidos Dolfos), hecho que generó grandes dudas y mucha agitación. De regreso en Burgos, la situación del Cid cambió. Ya no era Alférez Real sino un simple caballero de la corte de Alfonso VI, el nuevo soberano, sobre el que pesaban todas las sospechas respecto de la muerte de su hermano. El día de su coronación frente al pueblo y la nobleza, cuando nadie lo esperaba, una voz poderosa se alzó por encima de la multitud exigiendo justicia. Rodrigo Díaz de Vivar, en la iglesia de Santa Gadea de Burgos, obligó a don Alfonso a jurar sobre las Sagradas Escrituras, que nada tenía que ver respecto a la muerte de don Sancho. Tras el juramento el rey el rey resentido con su vasallo lo desterró del reino, prohibiendo a la población dar al proscrito, albergue, pan y bebida. Quien así lo hiciera, se haría punible de severos castigos. La conquista de Valencia Durante cuatro años siguió guerreando en tierras levantinas, conquistó Lérida, Tortosa y numerosos castillos y fortalezas menores hasta que una nueva amenaza africana le hizo fijar los ojos en Valencia, perla del Mediterráneo en la que su amigo y protegido Al-Qadir había sido asesinado por el usurpador Ben-Yehaf, partidario de Yusuf. Corría el año 1092 cuando el Cid se puso en marcha arrasando las comarcas del Guadalaviar y sitiando a la gran ciudad. Varios meses duraron el cerco y las correrías que los cristianos llevaron a cabo en torno a Valencia hasta que por fin, tras diecinueve meses de asedio, los moros acuciados por el hambre, ejecutaron al usurpador y abrieron al Cid, las puertas de par en par el 15 de junio de 1094. La Cristiandad entera celebró la victoria y las campanas de toda España resonaron estruendosamente anunciando al mundo la buena nueva. La noticia llegó a oídos del rey Alfonso, a los del Conde de Barcelona y a los del mismo Yusuf que de inmediato envió a su sobrino Abú Bécker a reconquistar la plaza. Establecido en Valencia, el Cid mandó traer a Valencia a doña Jimena y sus hijos, junto a Alvar Fáñez, Félez Muñoz, Galindo García y sus bravos guerreros. Aliándose con Ramón Berenguer III con el propósito de frenar conjuntamente el empuje almorávide. Las alianzas militares se reforzaron con matrimonios. El año de su muerte había casado a sus hijas con altos dignatarios: Cristina con el infante Ramiro Sánchez de Pamplona y María con el conde de Barcelona Ramón Berenguer III. García Ramírez el Restaurador fue nieto del Cid y rey de Pamplona asimismo, Alfonso VIII de Castilla era tataranieto del Campeador. Su muerte se produjo aquí en Valencia entre mayo y julio de 1099, según Martínez Diez, el 10 de julio. Montaner Frutos se decanta por situarla en mayo, debido a la coincidencia de dos fuentes independientes en datar su deceso en este mes: el Linaje de Rodrigo Díaz por una parte y por otra las crónicas alfonsíes que contienen la "estoria del Cid" (como la Versión sanchina de la Estoria de España), que recogen datos cuyo origen está en la historia oral o escrita generada en el monasterio de Cardeña. No es impedimento que el monasterio conmemorara en junio el aniversario del Cid, pues es propio de estas celebraciones elegir la fecha del momento de la inhumación del cadáver en lugar de la de su muerte y, de todos modos, el dato lo transmite una fuente tardía de la segunda mitad del siglo XIII o comienzos del XIV. El Cantar, probablemente en la creencia de que el héroe murió en mayo, precisaría la fecha en la Pascua de Pentecostés con fines literarios y simbólicos. Su esposa Jimena, convertida en señora de Valencia, consiguió defender la ciudad con la ayuda de su yerno Ramón Berenguer III durante un tiempo, pero en mayo de 1102, ante la imposibilidad de defender el principado, la familia y gente del Cid abandonaron Valencia con la ayuda de Alfonso VI. Rodrigo Díaz fue inhumado en la catedral de Valencia, por lo que no fue voluntad del Campeador ser enterrado en el monasterio de San Pedro de Cardeña, adonde fueron llevados sus restos tras el desalojo cristiano de la capital levantina en 1102. En 1808, durante la Guerra de la Independencia, los soldados franceses profanaron su tumba, pero al año siguiente el general Paul Thiébault ordenó depositar sus restos en un mausoleo en el paseo del Espolón, a orillas del río Arlanzón en 1826 fueron trasladados nuevamente a Cardeña, pero tras la desamortización, en 1842, fueron llevados a la capilla de la Casa Consistorial de Burgos. Desde 1921 reposan junto con los de su esposa Doña Jimena en el crucero de la Catedral de Burgos.  

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