Valencia Opinión Revista - Noticias de la Comunidad Valenciana y sus pueblos

Esta nueva Navidad es un desafío para vivirla cristianamente penetrando la trascendencia de su mensaje

Vicente Nadal

No será una fecha más sino la oportunidad de seguir abandonando el significado de la visita del mismo Dios al hombre de la tierra.

Conviene entonces preguntarnos lo que muchos cristianos se preguntaron en la historia: "¿Por qué Dios se hizo hombre?".

Así se interrogaba en la Edad Media el sabio San Anselmo que encontraba en aquel célebre "Cur Deus Homo" (porque Dios se hizo hombre) el punto inicial de su teología.

Entonces vale la pena en esta Navidad volver a interrogarnos con esta misma pregunta el sentido de la existencia de Jesús en nuestra vida.

Al acercarnos a la Persona Viva de Jesús, que no es sólo un "recuerdo histórico" sino un misterio viviente y actual, percibimos su presencia cercana a nosotros, como una buena noticia para la vida.

Sus palabras y actitudes nos van diciendo y revelando un proyecto de vida que va poniendo en crisis toda la concepción racional muy militada de la vida humana.

Fue muy claro según el evangelista (San Lucas 4, 18-19) escuchar al mismo Jesús en la Sinagoga de Nazaret cuando declaraba su proyecto de traer una buena noticia a los pobres, de anunciar a los cautivos la libertad, de dar vista a los ciegos, de aliviar a los oprimidos, de proclamar un año de gracia del Señor.

Aceptar hoy a Jesús y creer en Él engendra un compromiso con su persona que señala un horizonte diferente de la habitual concepción de la vida, llamando a una dimensión más profunda, una verdad más esencial.

Descubrimos en Él un nuevo estilo de existencia, desde raíces últimas que nos entroncan con la vida del mismo Dios.

Él nos llama a desprendernos de posturas rutinarias y postizas, liberándonos de engaños, miedos y egoísmos que paralizan el crecimiento humano.

Nos va introduciendo en lo definitivo de la vida del hombre, señalando el sentido último y la alegría de vivir con verdadera esperanza y vigor.

La Navidad nos convida a profundizar nuestra herencia cristiana, purificando y sanando nuestra posible mediocridad religiosa, volviendo a las raíces de nuestra fe.

La presencia de Jesús en este mundo da a esta historia un ritmo y un movimiento de superación, de transformación, de salvación, de liberación, en el que el mundo se va trascendiendo a sí mismo.

Su presencia es una presencia salvadora y vivificante con la vida del Espíritu de Cristo que lleva la vida hacia estados mejores.

Por eso nuestra historia se convierte en historia humana de salvación.

Los cristianos, como parte de esta historia, pueden constituirse en una corriente de renovada vida, con el testimonio de valores de vida nueva que permanecen para siempre.

En Navidad descubrimos lo que significa lo que es creer en Cristo, es decir en la encarnación de Dios. Dios inefable e infinito se ha hecho hombre.

Desde entonces, en este Dios encarnado, el ser humano se ha transformado en gracia es decir, en lo más profundo del ser del hombre mana la fuente de lo eterno.

De allí que a partir de la encarnación de Dios, dondequiera que haya algo humano está presente lo divino. El misterio del ser humano está esencialmente unido con la encarnación de Dios.

En la meditación del significado de la Navidad, es decir en la encarnación de Dios, podemos encontrar una fuerza poderosa como camino de paz y reconciliación, donde el ser humano supere una causa de desconcierto social, la lejanía de Dios, un Dios extraño al hombre, por un Dios en situación de cercanía con el hombre, o como decía Zubiri, "El hombre experiencia de Dios".


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