Valencia Opinión Revista - Noticias de la Comunidad Valenciana y sus pueblos

EL CARNAVAL O LA BATALLA DE DON CARNAL Y DO√"A CUARESMA

Manuel J. Ib√°√Īez Ferriol

La cultura popular es herencia com√ļn que pasa por nosotros camino de los que vengan. Cualquiera de sus elementos, creado en una circunstancia precisa, movi√≥ al hombre a un tipo de expresi√≥n, sumando el tiempo matices, tan pobres a veces, que suelen reducir el rito o la fiesta a una simple c√°scara cubriendo un meollo vac√≠o.

A pesar de ello, a√ļn podemos disfrutar en los trabajos de campo de ejemplos vivos de cantos, danzas, cuentos, leyendas, juegos, recetas, aunque poco se pueda salvar ya de cuanto lamentable ha ido aportando su mal uso lo que consigui√≥ llegar hasta hoy sufre, no un proceso de involuci√≥n o evoluci√≥n, sino un deterioro irreversible que amenaza, incluso, a los marcos que le dieron cabida, caminando todo a una gris homologaci√≥n.

Los pueblos le nacieron al paisaje sin estridencias, a la medida del hombre, en una arquitectura sin arquitecto de la que emergieron conjuntos habitables partiendo del material de la zona: piedra, barro, madera, pizarra, plomo y nivel, proponiendo distribuciones c√≥modas, √ļtiles, pensando en el calor, en el fr√≠o y en el desarrollo de la vida, muros entre los que la cultura popular naci√≥ y creci√≥, transmitiendo su "cencia", que yo llamo "esencia" a trav√©s de las generaciones para cada momento del ciclo vital: nacimiento, vida, muerte, y en identidad con las labores humanas y sus elementos, como la cal, la teja, el ladrillo, los espacios, los macizos, los humeros, los patios, las azoteas, el umbral o el z√≥calo de lindes entornos donde maduraron historias, casamenter√≠as, guisos, oficios, saberes, lengua: vida, en suma asuntos dif√≠ciles de transmitir hoy en los amasijos de viviendas sustitutivas, archivos m√°s que habitats, donde da sus postreros coletazos la memoria de muchos viejos desarraigados de su suelo, en el que se sent√≠an parte, y que, trasladados al monstruo de hormig√≥n, apenas se sienten ellos.

Entrar hoy por los barrios nuevos de cualquier ciudad equivale a un aburrimiento visual que nos hace sentirnos siempre en el mismo sitio. Por esos pliegues urbanos, sin otra se√Īa de identidad que la repetici√≥n, agoniza buena parte de la cultura popular, que, si ayer, por estar enraizada en un "sistema de vida que propiciaba su uso y su conservaci√≥n", permaneci√≥ cargada de sabidur√≠a, hoy, borradas sus marcas hondas y mostrando lo m√°s superficial de su ser, llega a convertirse en pasto tur√≠stico o rareza vitrinera. Ante su desaparici√≥n, engullida por un discutible progreso, es recogida por el etn√≥grafo con cierta prisa en libros, archivos y pel√≠culas.Este recontar, seg√ļn H√©ctor Garrido: "variante no enunciada de ecologismo", nos permitir√° ver ma√Īana, a trav√©s de fr√≠os documentos, ese ayer en el que a√ļn no √©ramos un n√ļmero de una cola cualquiera en una sociedad cuadriculada, sino simples seres humanos, que no es poco.

Advierte Jovellanos que no debe confundirse "la diversión con el espectáculo no ha menester que el gobierno lo divierta, sino que lo deje divertirse en el breve tiempo que puede destinar a su solaz y recreo, el pueblo inventará su entretenimiento".

¬ŅD√≥nde andar√° don Carnal

que le pilla la Cuaresma?

Ni ella es ya la mesma,

ni él conserva su sal.

Anda una en menoscabo,

y el otro sin verse el rabo.

Dice Julio Caro Baroja -Don Julio- que mientras el hombre creyó que su vida estaba sometida a fuerzas sobrenaturales, la celebración del "Carnaval fue posible. Desde el momento en el que hasta la diversión se reglamentó, siguiendo criterios políticos, concejiles, atendiendo a ideas de orden social, buen gusto, el Carnaval no pudo ser sino una mezquina diversión de casino pretencioso. Sus encantos se acabaron".

Este Carnaval de hoy, reinstituido, esta fiesta loca, donde "gente ha mucha y personas pocas", no pasa de ser un ejemplo de "lo que conviene": ya que toca el Carnaval, queda permitido divertirse pong√°monos, pues, la m√°scara -otra- "para no ir a trasmano".

He asistido en tiempos de prohibici√≥n a carnavales notables en los que, con esa chispa que s√≥lo surge del genio o del pueblo, se han venido toreando vetos y mandangas de este tipo. Son ejemplos vividos cuyo relato ocupar√≠a ahora tiempo y espacio innecesarios adem√°s, en todos encontrar√≠amos el mismo cuerpo, porque, como esp√≠ritu, "el Carnaval ha muerto" -en palabras de Caro Baroja- "y no para resucitar como en otro tiempo resucitaba anualmente". Seg√ļn "la gente piadosa, como √ļltimo resto del paganismo, bien muerto est√°". Pero "al Carnaval no le mat√≥, sin embargo, el auge del esp√≠ritu religioso, ni la acci√≥n de las izquierdas" ni de las derechas "ha dado cuenta de √©l una concepci√≥n de la vida que no es ni pagana ni anticristiana, sino, simplemente, secularizada, de un laicismo burocr√°tico".

Residuo pagano que, de hurgar a fondo en su origen, igual nos top√°bamos con la idealizada "org√≠a primaria", en la que, seg√ļn un viejo amigo, en la especie se produc√≠a "una desinhibici√≥n instintual necesaria" y se llegaba al entusiasmo, a ser poseido por el dios, a tener libertad absoluta para el desv√≠o, la transgresi√≥n, la promiscuidad, con lo que el privilegio del dios era adquirido por la colectividad. Vino luego el cristianismo, invent√≥ la Cuaresma y puso en el coro humano el R√©quiem del Mea Culpa por haber tenido antes tanto desmadre.

¬ŅD√≥nde vas con ese traje

y ese sombrero de copa,

si dentro de ti est√°s t√ļ,

te pongas lo que te pongas?

Hoy, m√°s que un enmascarar rostros, podr√≠a decirse que se trata de desenmascarar instintos: "esto que, llevado a sus √ļltimas consecuencias, hubiera resultado escandaloso para la persona, se dej√≥ en careta, en sobrecara, quitando la m√°scara a las intenciones". El Carnaval est√° saturado de ellas, seg√ļn Caro Baroja, "no solamente sociales, sino psicol√≥gicas. El hecho fundamental de poder enmascararse le ha permitido al ser humano cambiar de car√°cter en unos d√≠as o unas horas, a veces, hasta de sexo". Escribe Gaspar Lucas de Hidalgo:

Martes era, que no lunes,

Martes de Carnestolendas,

Víspera de Ceniza,

Primer día de Cuaresma.

Ved que martes y que miércoles,

Que víspera y que fiesta

El martes, lleno de risa

El miércoles de tristeza.

La mujer se viste de hombre

y el hombre se viste de hembra.

Y Qui√Īones de Benavente pone en boca de Francisca en uno de sus entremeses:

También es caballero,

carrerita, paseo,

el agua convertida en galanteo,

pues hay gal√°n que remojar se deja

embobado a los hierros de una reja,

y el que para mirar su sol divino

√°guila viene, vuelve palomino.

La ordenación del Carnaval, lo que se conoce como "programa de fiestas", resulta paradójico sabe a desfile del descontrol con invisibles labios ordenando que pasemos a "desordenarnos ordenadamente". Es una pantomima montada, como tantas, pero no es el Carnaval, que para don Julio, como respuesta colectiva, es "la representación del paganismo en si frente al cristianismo, hecha, creada, en una época más pagana en el fondo que la nuestra, pero también más religiosa".

Hoy, los medios de comunicaci√≥n transmitiendo la fiesta entre anuncios publicitarios y voceros de tres al cuarto, las comparsas haciendo turno para soltar sus murgas y los teatros con un p√ļblico "enmascarado" de domingo, que "todo el a√Īo es Carnaval, y en estos tiempos, mucho m√°s", asistiendo desde sus c√≥modas butacas al espect√°culo servido en la escena, deben revolverle las tripas al viejo Carnaval, porque ¬Ņqu√© queda de √©l sin el coraz√≥n libre, sin el desorden, sin el exceso que le daban vida, car√°cter?. Es como obligar a un ni√Īo a jugar a las cinco en punto de la tarde durante veintid√≥s minutos justos.

Don Carnal fue desdibujado, reprimido, muerto se le "muere" cada a√Īo, muerte que hay que buscar en la simbolog√≠a cristiana, creada en torno a la Cuaresma: "En las fechas oscuras de la Edad Media europea, se fijaron los caracteres del Carnaval, porque, qui√©rase o no, es hijo, aunque pr√≥digo, del cristianismo si no fuera por la Cuaresma, no existir√≠a en la forma concreta en que ha existido".

No hay una feria sin puta,

ni un fraile sin su prebenda,

ni holganza sin buena vianda,

ni Carnaval sin Cuaresma.

Aqu√≠ o all√° quedan restos de esta fiesta que, como ocurre con otras, es de prever que siga girando hacia aspectos simplones de murgas y comparsas como eje √ļnico, incluyendo cr√≠ticas a los sufridos mun√≠cipes cr√≠ticas que ser√≠an m√°s deseables expuestas de forma seria y razonada, sumemos alg√ļn chiste con ribetes de esc√°ndalo: "alegr√≠a, flor de un d√≠a", y poco m√°s. O nada m√°s.

Ning√ļn pueblo podr√≠a resucitar por s√≠ solo el cuerpo y el alma del Carnaval. Y en este marco pintado a trazos gruesos podemos ahorrarnos etimolog√≠as eruditas. ¬ŅQu√© m√°s da a estas alturas si el Carnaval procede de carnevale, carnestolendas, antruejo o entroido?. La pena de los que amamos la cultura popular no nace de saber o no "de d√≥nde vino", sino "porqu√© se fue".

Esto de hoy -no digamos lo de ma√Īana- parece responder a una canci√≥n recogida no s√© d√≥nde, eco suelto del viejo carnaval que vagaba errante de siglo en siglo:

¬ŅQu√© habr√° sido de m√≠ fuego

que por m√°s que muevo el ascua

sólo cenizas encuentro?


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