Valencia Opinión Revista - Noticias de la Comunidad Valenciana y sus pueblos

Berlanga y el cine español

Pío Moa

Vaya por delante que considero el cine un arte menor, en el sentido de que no ha producido ninguna obra comparable a, por ejemplo, las grandes de la literatura. El cine tiene la gran ventaja de que entra a la vez por la vista y el oído sin apenas esfuerzo del espectador, por lo que sus productos son de entrada muy eficaces -- sobre todo como propaganda--. Esa ventaja puede ser también un obstáculo desde el punto de vista artístico, ya que la técnica adquiere una importancia a menudo excesiva, y es difícil evitar el puro impresionismo, las bellezas prefabricadas o el simple y banal entretenimiento. En cuanto a las películas más "serias", han sufrido en exceso la profunda ideologización del siglo XX, y una vez sus impresionismos son sometidos a análisis, generalmente decepcionan.

Sobre el cine español pueden recordarse las célebres conversaciones de Salamanca, en 1955, con participación de directores y críticos muy variados, desde comunistas bastante reconocidos a falangistas, así como izquierdistas y derechistas más o menos independientes, entre ellos Berlanga, que acaba de fallecer. Las conclusiones de esas charlas definieron dogmáticamente al cine español de entonces como "políticamente ineficaz, socialmente falso, intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo e industrialmente raquítico". Esto no solo era muy exagerado, sino que tenía algo de estúpido, como señalan Luis Pérez Bastías y Fernando Alonso Barahona en su muy recomendable libro Las mentiras sobre el cine español. El propio Berlanga señalaría más adelante que aquellas conversaciones "han sido el gran error histórico del cine español". La invocación de los conversadores a un cine "políticamente eficaz", es decir, propagandístico, en función de cuya eficacia iría su "verdad social", ya implica una altura crítica e intelectual no muy alta en los sostenedores de tales criterios. Aunque, ya sabemos, la estética es otra cosa, y concepciones siniestras pueden expresarse en un lenguaje estético excelente.

Como señalan los autores del libro citado, en conjunto el cine español, a partir de 1942, tiene una calidad media nada despreciable. No al nivel, claro, del buen cine useño, pero sí al del francés o el italiano al menos no queda muy por detrás de estos. Dentro de ello, Berlanga suele considerarse el mejor director español detrás de Buñuel. En esto hay opiniones muy diversas y, sin entrar en la valoración técnica de las películas, diré la mía: Bienvenido mister Marshall me parece de un costumbrismo cutre, algo miserabilista y de ingenio muy moderado, repleto de tópicos sin mayor penetración uno duda de si la trivialidad de los personajes no refleja en realidad la del autor. El Verdugo está algo mejor, sin alcanzar grandes cotas, con rasgos de ingenio algo domésticos, aunque muy celebrados. Y saltando a La escopeta nacional, ya entramos en el bodrio repleto de sal gorda. La popularidad de Berlanga reside, por una parte, en sus personajes vulgares y anodinos, con los que sin embargo se sienten identificadas muchas personas y por otra parte en una vaga "crítica social", tan del gusto de la progresía.

No niego que, técnicamente, Berlanga haya sido un excelente director. Pero tiene dos defectos que lastran no solo el cine, sino la mayor parte de la literatura española desde hace mucho tiempo: ausencia de épica y de conflicto moral (o este planteado en formas muy primarias) dos elementos que, en cambio, definen el mejor cine useño.


0 Opiniones
Dinos lo que piensas, deja tu comentario
4299 + 1

Campos obligatorios (*)

El email no será publicado.

Por seguridad, toda etiqueta HTML será reemplazadas a texto